Los
huéspedes que ocupan pueden ser animales, vegetales o bacterias. Entre los
microorganismos, los virus parasitan bacterias, son los bacteriófagos o fagos,
pero no se conocen virus que infecten algas, hongos o protozoos. Entre los
vegetales, sólo se han encontrado infecciones por virus en las plantas con
flores, pero no en las plantas inferiores. Entre los animales, se conocen muchos
que parasitan vertebrados, pero entre los invertebrados, sólo se han encontrado
en artrópodos.
Las
enfermedades humanas, causadas por virus, más conocidas, son la poliomielitis,
gripe, viruela, sarampión, fiebre amarilla, encefalitis, paperas, tracoma, etc.
Actualmente se cree que algunos tumores cancerosos son también de origen vírico.
Las infecciones víricas en general, no pueden ser tratadas con antibióticos; sin
embarco, el interferón, producto biológico sintetizado por los tejidos invadidos
por un virus, es activo contra infecciones causadas por otros.
Los
virus más conocidos de todos son los fagos, debido a la gran facilidad técnica
del cultivo de bacterias, comparado con el cultivo de tejidos o embriones. Su
ciclo vital es el siguiente: la partícula del fago se fija en determinados
puntos de la pared de la bacteria y la molécula de ácido nucleico, junto con
algunas proteínas enzimáticas, es inyectada dentro de la bacteria y queda fuera
la cápsula proteica vacía. Después de esta penetración, la célula infectada deja
de producir sus proteínas y se pone a fabricar las del fago, que, de ese modo,
va haciendo copias de su ácido nucleico y de las subunidades proteicas de la
cápsula, que se reúnen para constituir las partículas completas; cuando éstas se
han acumulado en un cierto número, la bacteria se rompe y libera los virus, que
van a infectar las células próximas.
Se ha discutido mucho si los virus son o no seres vivos. Por
una parte se reproducen, aunque dependientes de la célula de la que utilizan
enzimas y ribosomas; no metabolizan substancias para producir energía, y sólo
tienen un tipo de ácido nucleico, ADN o ARN; además son
cristalizables. Posiblemente, sistemas parecidos a
los virus, pero de vida libre, fueron los primeros seres vivos.
Los
hechos más sobresalientes que han motivado el rápido desarrollo de la virología,
la parte de la microbiología que tiene por objeto el desarrollo de los virus,
son: en la última década del siglo pasado, Ivanovsky primeramente y después
Beijerinck descubrieron la existencia de agentes infectivos, más pequeños que
las bacterias hasta entonces conocidas, a los que hoy se denominan virus; en el
año 1.931, Elford consiguió medir las dimensiones de los virus; Roux hizo el
primer intento de cultivo de virus; y Goodpasture lo obtuvo en huevos
fecundados, es, decir, con embrión de pollo; Max Theiler consiguió la primera
vacuna contra la fiebre amarilla del mono, practicando inoculaciones sucesivas
de su virus en ratones y cultivando después el producto en embriones de pollo,
y, encontrado en el camino, se han preparado otras vacunas contra el cólera
porcino, el moquillo y la rabia del perro, etc.; en 1.935, Stanley cristalizó el
virus del mosaico del tabaco; Williams fotografió por primera vez un virus, por
medio del microscopio electrónico; en 1.949, Enders, Robinson y Willer
cultivaron el virus poliomielítico; Coons demostró la situación de las
partículas víricas en las diferentes partes de la célula, mediando la técnica de
los anticuerpos fluorescentes; Fraenkel-Conrat y Williams fraccionaron el virus
en una parte proteica y en ácido nucleico y demostraron que, separadamente, no
poseen infectividad; y Gierer y Scharamm pusieron de manifiesto que la
infectividad de ciertos virus es debida al ácido nucleico. En el año 1.957,
Isaacs descubrió el interferón.
Los
virus, aparte de su importancia como agentes patógenos, tienen un gran interés
en biología molecular, para el estudio de ácidos nucleicos, ya que de ellos se
pueden extraer en gran cantidad y pureza. Por último, es de esperar que por
medio de las técnicas investigadoras actuales se alcancen, en un futuro próximo,
descubrimientos de trascendental importancia para el conocimiento de los virus y
la manera de combatirlos.
Según su forma, se distinguen los siguientes tipos de virus: icosaédricos, como
el virus de la poliomielitis; helicoidales, como el virus del mosaico del
tabaco; bacteriófagos, que sólo infectan a las células bacterianas; y virus con
envoltura, como el de la viruela, el del sida o el de la gripe. Los
icosaédricos, como dice su nombre, tienen forma de un icosaedro. Los
helicoidales son de forma cilíndrica. Los bacteriófagos son el nombre particular
de ciertos virus que transportan una partícula genética de una célula bacteriana
a otra. Descubiertos por D'Herelle en 1.915, se obtienen mediando filtración;
son específicos, es decir, que cada uno ataca solamente a una especie de
bacterias; de cabeza poliédrica con ácido desoxirribonucleico en su interior, y
cola anular, o bien en forma de esférula o de bastón, con una placa basal,
espinas y fibras en la parte inferior. Su importancia ha decrecido con el
descubrimiento de las sulfamidas y de los antibióticos. Los virus con envoltura
son más o menos esféricos.
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